Candye Kane, la punk-rocker anarquista

Artículo de Rafael Calero Palma

El día en que esta tremenda mujer vino al mundo, su padre cumplía condena por desfalco en una prisión federal de los Estados Unidos. Así que a su madre no le quedó otra que trabajar duro para sacar a la familia adelante. Su infancia no fue precisamente lo que todos entendemos por un jardín de rosas. Creció en Highland Park, un suburbio en la zona noreste de la ciudad de Los Ángeles, área multirracial y multiétnica, donde abundaban las bandas chicanas. Estaba predestinada a llevar una vida de mierda, pasar todo tipo de calamidades, ir sobreviviendo con trabajos de tres al cuarto y acabar sus días de la peor manera imaginable.

Casi, casi como un personaje de los muchos que habitan las canciones de perdedores de Bruce Springsteen. Y sin embargo, trabajó con ahínco para cambiar ese destino, fue a la universidad para hacer un grado en Estudios Femeninos y acabó convirtiéndose en una estrella de la música de raíz americana: country, blues, soul, rhythm and blues, rock and roll y todo tipo de músicas en la que las guitarras eléctricas sonaran de manera excitante y poderosa. Su vida fue llevada al teatro y sus fans se cuentan por decenas. Esta es su historia. Este es mi humilde homenaje para esta gran artista.

Candye Kane 2 2012Candace Hogan (cambiaría su nombre legalmente por el de Candye Kane siendo una mujer adulta) nació en Ventura, en el estado de California, el día 13 de noviembre del año 1961, en el seno de una familia muy humilde. Como ya hemos dicho, su infancia fue bastante dura, pero su madre consiguió sacarla adelante. Hubo épocas en las que tenían que vivir de la beneficencia, y en más de una ocasión, como ella misma contó en cientos de entrevistas, su madre se vio obligada a rebuscar en contenedores de basura para poder comer. Desde muy pequeña siempre mostró una pasión desbordada por la música, sobre todo por la de Elvis Presley, Buddy Holly o Ritchie Valens, músicos muy admirados entre los jóvenes mexicanos de su barrio. Según contaba la propia cantante en una entrevista en el año 2011, comenzó en el negocio de la música como cantante de pop y hillbilly, inspirada por lo que sonaba en las emisoras de radio comercial en su juventud, en las que se podía escuchar a gente como Carole King, Linda Ronstadt, Carly Simon, Hank Williams y Patsy Cline, y luego más tarde, se convirtió en una gran admiradora de Kitty Wells y de la Carter Family. Y a través de compositores de canciones como Roger Miller y Harlan Howard, la joven aprendió a valorar la importancia de una buena letra y empezó a obsesionarse con la escritura de canciones. De esta manera sus primeras incursiones en el negocio musical fueron en el mundo de la música country. Su primera grabación fue un tema llamado “Tell me a lie”, para el álbum colectivo A Town South of Bakersfield. Se trata de una balada de tintes country, al estilo del Presley más edulcorado. Más tarde, entró en contacto con las nuevas bandas de punk y de lo que se dio en llamar Nuevo Rock Americano. Grupos como The Blasters, X, Dwight Yoakam y Los Lobos y consiguió un contrato con CBS Epic in 1986. Pero aquello no prosperó. Básicamente porque en la multinacional se enteraron de que Candye Kane tenía un pasado como stripper y actriz porno, y este dato, a los (ultraconservadores) dirigentes de la compañía discográfica, no pareció hacerles demasiada gracia. Sobre sus principios en el mundo de la música, dijo: “Yo era una, stripper de día y cantante de noche.”

En la grabación de “Tell me a lie” conoce a Thomas Yearsley, que era el bajista de la banda de rockabilly The Paladins. Se enamoran y se casa con él. La cantante cambia su lugar de residencia, pasando del noreste de Los Ángeles a San Diego, para vivir con su esposo. Y es en aquellos días cuando tiene lugar un acontecimiento de vital importancia en la vida de la cantante. Yearsley tiene una colección de vinilos de blues que quita el hipo, y Candye descubre, entre aquellos vinilos, a un montón de bluesmen and blueswomen, como Howlin’ Wolf, Robert Johnson, Ma Rainey o Bessie Smith, que, literalmente, le vuelan la cabeza. A partir de ese momento, la californiana empieza a profundizar en la “música del diablo”, coleccionando discos y formando su propia banda, con la que se pone en la carretera para llevar la “buena nueva del blues” por garitos y escenarios de todos los Estados Unidos. De ahí a firmar un contrato con la discográfica independiente de blues Antones Records ahí un pequeño paso, que ella va a dar en las siguientes semanas. Clifford Antone, el capo de la discográfica, se queda prendado de la energía y vitalidad de la cantante y la ayuda en todo cuanto puede, presentándole a músicos de la talla de Stevie Ray Vaughn, Hubert Sumlin, Kim Wilson, Marcia Ball o Lou Ann Barton, entre otros. Como ella misma admitía algunos años más tarde: “yo estaba estudiando y compartiendo mesa con los mejores músicos de la escena blues. Era un sueño hecho realidad.”

Candye nunca dudó en reconocer y homenajear a los músicos que la precedieron, hombres y mujeres, que supusieron una gran influencia en su estilo de entender el blues: la gran Etta James, Big Maybelle y Johnny Guitar Watson. Estos tres nombres conforman la santa Trinidad para la autora de “Big great woman”. Pero evidentemente, hay muchos otros nombres a los que admiraba y emulaba, como ella misma admitía: Kay Starr, Patsy Cline, Little Jimmy Scott, Mildred Bailey, Lowell George, Saffire – the Uppity Blues women, y sobre todo, los compositores, Dave Alvin y Rick Estrin.

Porque para Candye Kane, la composición de canciones era sumamente importante, pues en su opinión, las buenas canciones siempre sobreviven a sus propios compositores, algo a lo que ella aspiraba:

La escritura de canciones es muy importante para mí, porque al final, el legado que dejaré serán mis canciones. Nadie va a recordar lo grandes que eran mis tetas o los distintos trabajos que hice durante mi vida. Se recordarán las canciones, porque se sostienen por si solas, y seguirán estando ahí cuando yo falte.

CandyeKane01A lo largo de su carrera, compuso decenas de canciones, muchas de ellas a medias con su gran amiga la guitarrista Laura Chavez, que tocó en su banda en los últimos años. Además, Candye grabó catorce álbumes: doce de estudio y dos discos en directo repletos de blues incendiario, rock and roll caliente, country sensual y soul fogoso. Canciones donde daba rienda suelta a su activismo social, a su feminismo militante, a su lucha en favor de la igualdad del colectivo LGTB (Candye no tenía ningún problema en hablar abiertamente sobre su bisexualidad) y donde abogaba por la libertad absoluta del individuo. Discos como Burlesque Swing (1991), Home Cooking (1994), Knockout (1995), Diva la Grande (1997), Swango (1998), The Toughest Girl Alive (2000), Whole Lotta Love (2003), White Trash Girl (j2005), Guitar’s and Feathered (2007), Superhero (2009), Sister Vagabond (2011), Coming Out Swingin (2013) o los dos álbumes en vivo, Blues Caravan: Guitars & Feathers, del año 2008, y One Night in Belgium, grabado en 2011 en una de sus múltiples visitas al continente europeo. Pero sin ninguna duda, el hábitat natural de esta blueswoman era el escenario. Cada año ofrecía más de 250 conciertos, sin importarle lo más mínimo si tocaba para doscientos o dos mil fans. Su entrega sobre las tabalas era siempre al cien por cien. En el escenario su pasión era absoluta, ofreciendo unos shows divertidísimos y en los cuales conectaba con su público de una manera casi religiosa, como se pudo comprobar en el verano de 2011 cuando actúo en el Festival de Blues de Cazorla, en Jaén.

Candye Kane murió el día 6 de mayo del año 2016, a consecuencia de un cáncer de páncreas con el que estuvo luchando ocho años, y a pesar del cual, nunca dejó de componer, cantar, bailar sobre un escenario y sonreír, con esa sonrisa tan hermosa y sincera que hacía de ella una artista única. Tenía 54 años y aún quedaban muchas canciones que componer y muchos conciertos que ofrecer. Como una vez escribió el crítico de blues Terry Mullins, “Sus canciones son como mini novelas y cubren todo el rango de la condición humana con extraordinaria facilidad. Su tono va da la felicidad a la pena, de la comedía a la tragedia, a veces incluso en una misma canción.”

Me gustaría terminar este artículo con las palabras que el crítico musical Manuel López Poy, dedica a Candye Kane en su libro Todo blues: “La experiencia de Kane ilustra muy bien el movimiento de recuperación a finales del siglo XX de la cultura del blues, con sus míticos protagonistas reivindicados por las nuevas generaciones como parte esencial de la cultura norteamericana y mundial.”

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