A fecha de mayo de 2026, el mundo enfrenta una alta inestabilidad con más de 130 conflictos armados activos, destacando el genocidio en Gaza como punto crítico. Otros conflictos relevantes incluyen Ucrania, Sudán, la inestabilidad en el Sahel y tensiones en el mar Rojo.
En contextos bélicos asociado a desplazamientos forzosos y crisis humanitaria, se produce un colapso del sistema sanitario y de la protección social en que mujeres y niñas se enfrentan a diario a formas específicas de violencia. Este es el caso de las mujeres iranís, sudanesas y palestinas, donde la situación de apartheid y genocidio comporta un sufrimiento continuado y sistemático.
Sin embargo, aún en las situaciones más extremas, las mujeres no sólo son víctimas, pues la resiliencia sigue escribiéndose en femenino: reconstruyendo el tejido social, y sosteniendo a familias y comunidades, a la vez que defienden sus derechos, como activistas, trabajadoras humanitarias, profesionales de la información, sanitarias, docentes.
En Irán las mujeres luchan contra el apartheid de género y la exigencia de libertades civiles, en Palestina y Sudán se subraya su papel crucial en la supervivencia económica y social frente a conflictos devastadores. A través del activismo y la educación, estas mujeres lideran movimientos de resistencia y transformación política en sus respectivas regiones, moviéndose en la dualidad entre el sufrimiento extremo provocado por la violencia estatal y la capacidad inquebrantable de las mujeres para reconstruir el tejido social. A continuación se detalla la situación en algunas de las regiones actualmente inmersas en sangrientas conflagraciones: IRÁN: En Irán, las mujeres viven bajo lo que los expertos denominan un «apartheid de género», caracterizado por una discriminación estructural legalizada que las considera inferiores en cuestiones de divorcio, custodia o herencia. A esta situación se suma una represión brutal y violencia de estado que incluye tortura, violencia sexual, detenciones y castigos por el incumplimiento del uso obligatorio del velo (hiyab), agravada además por la reciente escalada militar niciada el 28 de febrero de 2026, a raíz de la cual las fuerzas de seguridad han intensificado la represión contra mujeres que desafían las normas, reportándose más de 496 mujeres muertas y 4,000 heridas hasta abril de 2026. Se estima que hasta 1.6 millones de mujeres y niñas han sido desplazadas internamente en Irán debido a las operaciones militares. El desplazamiento aumenta exponencialmente el riesgo de violencia de género, explotación y abuso. A pesar de la represión letal, las mujeres iraníes desde el movimiento «Mujer, Vida, Libertad»son el rostro principal y el núcleo de la movilización política y social, desafiando
abiertamente al régimen de los ayatolás y exigiendo democracia en las calles y pagando con sus propias vidas. SUDÁN: En el marco de la guerra iniciada en Sudán en 2023, las mujeres y niñas sudanesas viven entre la violencia atroz y el empoderamiento. Son el blanco de una violencia física y sexual sistemática (como violaciones y esclavitud sexual), utilizada por facciones armadas como táctica para aterrorizar y controlar a la población. Además, conforman más de la mitad de los 12 millones de personas desplazadas en el país. Sin embargo, ante el vacío del Estado, han asumido un liderazgo vital creando redes de ayuda humanitaria llamadas «salas de respuesta», proveyendo alimento, refugio y apoyo a sus comunidades. La guerra ha destruido los medios de vida, forzando a las mujeres a asumir roles económicos intensos en medio de la inseguridad alimentaria y trabajos de alto riesgo Muchas mujeres arriesgan sus vidas para cultivar, conseguir leña o buscar agua para sus familias, a menudo enfrentando ataques mientras realizan estas tareas cotidianas. Aunque son el motor de la supervivencia civil y arriesgan sus vidas a diario para conseguir recursos básicos, han sido sistemáticamente excluidas de las negociaciones de paz formales.
En resumen, las mujeres en Sudán están atrapadas entre ser el objetivo principal de la violencia destructiva de la guerra y la fuerza principal que sostiene la vida y la resistencia comunitaria. PALESTINA: Ante el genocidio que sufre su pueblo encontramos a la mujer palestina: entre la resiliencia, la resistencia y la lucha por la autodeterminación. Desde principios del siglo XX (con hitos como el Congreso de Mujeres Árabes de 1929 y la huelga de 1936), el feminismo palestino ha priorizado la lucha anticolonial y la supervivencia nacional por encima de las reivindicaciones estrictamente de género. Sucesos como la Nakba de 1948 y las Intifadas consolidaron a la mujer como el pilar económico y emocional frente a las agresiones del sionismo. Aunque a partir de los años 80 se crearon espacios de empoderamiento y educación con el apoyo de la UNRWA, el ascenso del gobierno de Hamas y la creciente influencia de corrientes conservadoras impusieron leyes basadas en la sharía, limitando fuertemente las libertades de las mujeres. La ofensiva iniciada en octubre de 2023 ha provocado la destrucción casi total del tejido socioeconómico, forzando al desplazamiento del 75% de la población. Dos años y medio después, bajo un «falso alto el fuego» y sin acceso de ayuda de organismos internacionales, la población vive en modo de supervivencia perpetuo. El impacto en la salud de la mujer está siendo devastador pues enfrenta violencias y penurias específicas y extremas. La falta de productos de higiene menstrual y el hacinamiento han duplicado las infecciones cutáneas. El colapso del sistema sanitario las obliga a someterse a cesáreas sin anestesia, triplicando el riesgo de muerte en el parto.
Además, sufren un grave trauma de salud mental (un miedo y estrés que «nunca cesa») al cargar en solitario con la responsabilidad de la supervivencia de sus familias y bebés. En Cisjordania, muros y puntos de control (la «arquitectura del apartheid») impiden la vida normal y el acceso a la salud y educación. A esto se suma el uso de la violencia de género, sexual y digital como castigo colectivo y arma de guerra, todo ello enmarcado en una lucha diaria, que transita entre la defensa de la vida en condiciones extremas y la reivindicación de sus derechos. Siendo la mujer el motor de esperanza y supervivencia de toda la comunidad. A pesar de vivir en condiciones límite, la sociedad palestina mantiene una tasa de alfabetización superior al 95%. Las mujeres actúan como las principales transmisoras de la cultura (musical, pictórica y oral) y defienden firmemente la educación como su mayor forma de resistencia positiva. En definitiva, en los tres contextos, las mujeres logran trascender su vulnerabilidad para convertirse en agentes indispensables de cambio, activismo y defensa de los Derechos Humanos de sus respectivos países, algo que ponemos en valor desde la Organización de Mujeres de la Confederación Intersindical en el día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme.





