Por Arantxa Bolaños de Miguel
En el pasado año 2025 y, en general los últimos años, han aumentado las películas dirigidas por mujeres en España y en muchos otros países. Aunque en realidad, si investigamos, en el pasado hay muchas más películas con directoras a la cabeza de las que imaginamos. Y es que hay que reescribir la historia porque es un relato subjetivo y depende mucho de quien la relate: varía mucho la versión de los hechos, digámoslo así. De hecho, ¡la primera película la dirigió una mujer! Fue Alice Guy-Blaché y este dato ha tardado demasiado tiempo en hacerse oír. De todas formas, en España, por ejemplo, el aumento en la dirección fílmica femenina es un hecho irrefutable, a pesar de recibir menos presupuesto, por múltiples factores, entre los que cabe destacar que el desarrollo práctico de la ya añeja Ley de Igualdad de 2007 (¡2007!) obliga no solo a la igualdad formal sino a la real. En fin, en ello estamos y seguiremos luchando. Esta aplicación práctica de la norma escrita por la que lucha el feminismo trae consigo el obligado cumplimiento de las cuotas de paridad, la archiconocida y todavía no alcanzada del todo, pero soñada por muchas (e incluso por algunos, que haberlos haylos) 40/60. También han influido en este aumento, por supuesto, los premios femeninos cosechados en los festivales más prestigiosos. Asimismo, y ya nos adentramos en terrenos más económicos que legales, es evidente que las productoras y en general el mercado del cine (¡ay! el mercado también determina en estos lares) está interesado por la rentabilidad que deja el sector femenino como creadoras y como audiencia, ya que el público femenino también ha aumentado de forma considerable. Y es que el público, y ya en general, es el que está demandando películas con mirada femenina porque hay un sector importante que ha aumentado dentro de la audiencia masculina y femenina que reclama cine femenino y/o feminista.
Voy a destacar, ya sin más preámbulos, las películas dirigidas por mujeres con fecha de producción 2025, algunas ya estrenadas y otras a punto de estrenarse en los próximos meses.
Para empezar por casa, en el mundo hispanohablante destacan producciones como Sorda (Eva Libertad), una cinta nada autocomplaciente que refleja las inseguridades y problemas añadidos de la comunidad sorda a los ya comunes al resto de los mortales oyentes; La quinta portuguesa (Avelina Prat), una de las sorpresas del 2025 sobre el camino del autodescubrimiento tras el abandono, con un Manolo Solo magnífico en compañía de una también espléndida María de Medeiros; Romería (Clara Simón) donde se cierra la trilogía autobiográfica con maestría, delicadeza y autoanálisis o la reflexiva Los domingos (Alauda Ruiz de Azúa) premiada con la Concha de Oro en el Zinemaldia. A destacar Tres adioses, donde Isabel Coixet refleja en esta producción italiana rodada principalmente en italiano su madurez cinematográfica, una aproximación a la muerte y su consecuente exaltación de la vida, que mejora y complementa la ya adelantada pero juvenil Mi vida sin mí. También me gustaría resaltar la emotiva y auténtica Flores para Antonio, codirigida por Elena Molina junto a Isaki Lacuesta o la literaria La buena letra, de Celia Rico. Cruzando el charco hemos podido ver propuestas tan interesantes como la magnífica crónica del hecho que originó la marea verde en Argentina, el injusto proceso judicial de Belén (Dolores Fonzi) que impulsó la lucha por la legalización del aborto.
El cine asiático nos ha regalado la maestría de la directora china afincada en USA
Chloé Zhao con su recién estrenada Hamnet, gran triunfadora en los Globos de Oro. Una producción británica impecable desde el punto de vista formal y de contenido con unas imágenes poéticas, una interpretación sublime y un final apoteósico para descubrir la intrahistoria del universo shakespeariano desde el spin-off de su vida, su mujer, y la visión de su obra más conocida desde una perspectiva femenina. En este punto debo de hacer necesariamente un inciso y recalcar la obra maestra teatral que tuvimos la suerte de ver el año pasado de Andrea Jiménez, Casting Lear, un descubrimiento, una adaptación moderna, feminista y subjetiva necesaria sobre el universo de Shakespeare. Volviendo a Chloé Zhao y sin dejar las divagaciones, quiero destacar el enorme valor divulgativo que realiza la Filmoteca Española en Madrid ya que acaba de dedicar este enero una retrospectiva a la filmografía de la realizadora de la atrevida, vitalista y vindicadora Nomadland. Retornando a Asia, en el apartado de documental encontramos Climbing for life, inédita aun en España, sobre la primera mujer japonesa en subir el Everest, Junji Sakamoto, un documento muy nipón que muestra los esfuerzos extra que necesitamos las mujeres realizar para alcanzar los mismos fines que el sector masculino. Otras producciones estrenadas en España han sido la intimista Blue Sun Palace (2024, estrenada en España en 2025), de Constance Tsang, una delicia de película llena de sororidad, esperanza y unión en la adversidad que, a pesar del tema que trata (unas inmigrantes chinas que trabajan de masajistas en semi esclavitud en N.Y.) consigue trasmitir esperanza y La chica zurda, de Shih-Ching Tsou, que se ha estrenado este 2026 en España y que es un auténtico gozo visual, una comedia que trata un tema complejo y duro pero con un tono que restituye el drama por dramedia. ¡Qué regalo de chiquilla la chica zurda del título! Si intentamos incluir cinematografías periféricas nos encontramos con dificultad de visionado en España, pero hay que resaltar la fortuna del estreno de La voz de Hind, de Kaouther Ben Hania, un desgarrador thriller que cuenta con el desgarrador relato de una niña, o para ser más exactos, más bien su voz. Inolvidable.
El género fantástico en general, y el de terror en particular, está cada vez más representado por esa mirada femenina que refleja nuestros propios miedos. Al hilo del camino abierto con la irreverente y conspicua La sustancia (2024), destacamos a su prima-hermana La hermanastra fea, ambas extraordinarias, que siguen la estela de subvertir los géneros visibilizando el estrago que causa la imposición hacia la mujer de una inalcanzable e imperdurable belleza. La directora que ganó en Cannes con Titane, Julia Ducournau, realiza en Alpha un pseudo terror social muy cronenbergniano debido a su tratamiento de la enfermedad corporal. En cuanto al fantástico, debo indicar la presencia femenina de La astronauta, de Jess Varley e incluso de la gélida, poética y taciturna La torre de hielo, de Lucile Hadzihalilovic.
Si atendemos a temáticas, parece ser que la maternidad, al que el feminismo defiende por supuesto siempre y cuando no sea impuesto, hay que acentuar que Lynne Ramsay ya analizaba los complejos lazos maternofiliales en Tenemos que hablar de Kevin pero parece estar obsesionada con este tema pues en Die my love da una vuelta de tuerca a la depresión postparto y al ideal de felicidad pueril de la maternidad. Por otra parte, el amor y el deseo está representado por Babygirl (Halina Reijn, de 2024 pero estrenada en 2025) que disecciona el conflicto social y personal del deseo femenino de una forma más real y auténtica que la masculina 50 sombras de Grey aunque parece que seguimos sin desligarnos del todo de los ideales pornográficos masculinizados o de diatribas materialistas vs sentimentales como en Materialistas, de Celing Song, película que actualiza Sexo en Nueva York al 2025, y que me hace dudar si pasarían la prueba Bechdel. Respecto a la cuestión importante señalada por el Solo sí es sí sobre si la víctima de acoso por razón de sexo o de acoso sexual dice la verdad o no, se han hecho propuestas desde el lado masculino como Caza de Brujas (Luca Guadagnino) que con su pretendida confusión por la llamada cultura de la cancelación banaliza el asunto, cuando la realidad es que el porcentaje de denuncias falsas por violencia de género es irrisorio y esa información no atiende a ideologías, sino a datos objetivos, datos que se pueden consultar por ejemplo aquí. Mientras, La Furia (Gemma Blasco) es un ejemplo claro, conciso, sin florituras y muy bien interpretado por Ángela Cervantes del sufrimiento post-violación al que la sociedad somete a las víctimas y del buen hacer de la plataforma Yo si te creo. La conmovedora Sorry, Baby, de Eva Víctor describe la misma herida, pero desde un enfoque menos combativo. Respecto a esta misma cuestión, y lo indico puesto que la directora británica Emerald Fennell acaba de estrenar una producción del 2025 de la que hablaré enseguida, es importante remarcar que ya deslumbró con su vengativa y disfrutona Una joven prometedora, una suerte de alocada venganza feminista justiciera.
Siguiendo con el cine femenino que se ha estrenado este nuevo 2026, pero son producciones del 2025, cabe reiterar que alguna ya he citado como Hamnet o La chica zurda, pero podemos añadir Rental Family (Hikari), que refleja esa cultura tan extraña, querida y admirada como es la japonesa, que esconde muchas sombras; el maravilloso biopic de Kafka de Agnieszka Holland, una pieza experimental y transgresora en sus formas expresionistas que nos acerca a la complejidad de la mente del autor checo; el cuasi documento hospitalario filmado en directo de Turno de guardia (Petra Biondina Volpe); El sendero de la sal (Marianne Elliott), que aunque es del 24, se estrenó este año 2026 esta walk movie luminosa y esperanzadora; la extraña obra zombie 28 años después (Nia Dacosta) donde el terror es humano, demasiado humano, pero con varios momentos grandiosos; también la interpretación excelsa de Rose Byrne en Si pudiera, te daría una patada (Mary Bronstein); Cumbres borrascosas, 2026 una versión muy libre de la novela homónima y como tal ha de ser juzgada o la que se acaba de estrenar para celebrar el 8 de marzo, la esperada ¡La novia!, una nueva adaptación de la novela de Frankenstein, dirigida por Maggie Gyllenhaal, que ya nos conquistó con La hija oscura.
Para concluir en algún momento espaciotemporal, porque podría seguir con este apasionante tema hasta el infinito y más allá, he de decir que me preocupan estos tiempos difíciles que nos está tocando vivir y, especialmente para la mujer. Ante el giro de la sociedad en general hacia posturas que deberían estar ya superadas pero que se suceden en modo eterno retorno nietzscheano, hay mucho por hacer y el cine puede y debe hacer mucho. Me niego a la resignación pasiva programada contra la revuelta (in)evitable ultraderecha y ultraliberal contrarrevolucionaria. Contra todo esto voto por supuesto, por un cine combativo y esperanzador, social y educativo. El futuro no está escrito, que no nos engañen. El cine en clave femenina también debe y está dando esperanza para luchar y conseguir un mundo más igualitario y justo para todas. Y todos, venga, que no se diga. Tras siglos de masculino genérico vamos a demostrar que otro mundo más inclusivo es posible, porque somos diferentes, somos iguales. Continuará, continuaremos.





