¿La educación es solo tarea de madres?

José Ramón Macías Ballestero |  Graduado en Educación Primaria.
Universidad de Huelva |    joseramon.macias@alu.uhu.es

educacion_solo_madresLa reflexión que planteo en este artículo parte de un recuerdo y de la nostalgia. Si pensamos en las vivencias de la infancia nos vienen a la memoria  situaciones como era el día de la recogida del boletín de calificaciones. Nos preocupaba la sanción familiar que suponía el que apareciera  escrito en la libreta el temido “necesita mejorar”, o que no nos dieran el deseado juguete que se regalaba en caso de que estuvieran todas aprobadas. Sea como fuere, si analizamos estos hechos como si tuviéramos  una de esas novedosas gafas de realidad aumentada donde quien se las pone se adentra en un mundo paralelo, tendríamos que preguntarnos: ¿Quién era la persona que iba a recoger las notas? Y esa es una situación más que atañen a la educación de los niños y niñas en las que son las madres la cabeza visible. En muchas culturas, desde el comienzo de la humanidad han sido las madres las que se encargaban de la protección de sus hijos e hijas, mientras que los padres se encargaban de la sustentación de la familia. Pero esta práctica, aunque sea la más generalizada, no es una práctica natural, ni justa (Moreno, 2000).

Hasta hace treinta años esta organización familiar ha sido así. Sin embargo, debido sobre todo a la inclusión de la mujer en el mundo laboral en el ámbito público, esta estructura familiar se está transformando en otra donde las abuelas y otras  personas de la familia directa cobran un protagonismo activo en el cuidado y educación de los niños y niñas. Pero, cuando se habla de interacción entre familia y escuela, sobre todo en los primeros años de la escolaridad, siguen siendo las madres las que se encargan de las tutorías con el maestro o maestra, de participar en las actividades que se organizan o de simplemente ser la encargada de recoger el boletín de notas. Por tanto, este hecho no ha transformado la interacción estándar entre “familia y escuela”.

Afortunadamente no se puede negar que estos momentos cada vez mas padres se preocupan por la educación de sus descendientes, pero tendríamos que pararnos y ver de qué circunstancias se ocupan o/y se implican. Como ejemplo quiero referirme a los acontecimientos que se pueden observar en un contexto peculiar, donde se deja bastante evidente el papel que juega la mujer en la educación, como son las Comunidades de Aprendizaje.

Un centro tipo puede ser un colegio de Infantil y Primaria en una barriada de una ciudad donde influyen muchos factores que conforman una imagen multicultural de la población como puede ser la etnia gitana.

Una característica de esta cultura es el rol y la jerarquía que a cada persona  integrante de la familia se le asigna. Esta ley no está escrita, pero no por ello es menos respetada y lleva a la mujer a un segundo plano con respecto al de los varones. Familias enteras se someten a la “ley gitana” donde es el patriarca (rol normalmente heredado de padres a hijos varones) el encargado de que la justicia sea equitativa para las desavenencias ocurridas entre familias abrazadas bajo esa ley. Al padre de familia no se permite o no está bien visto que realice cualquier tarea que tradicionalmente esté asignada a su mujer. Su labor es básicamente la de sustentar económicamente al núcleo familiar, normalmente compuesto por un tipo de familia extensa, donde residen hasta tres generaciones en un mismo hogar.

Y las mujeres, aunque realicen actividades profesionales en el ámbito, principalmente su labor consiste en ser ama de casa con todo lo que ello implica. Desde hacer de comer, limpiar, planchar, etc. hasta ser partícipe de la educación de sus hijos e hijas.

Evidentemente, la escuela que esté ubicada en un contexto donde existan desigualdades económicas y culturales, además de una discriminación por sexo hace necesaria una actuación específica. Esto es uno de los motores que plantean un modelo organizativo innovador en nuestro país como son las Comunidades de Aprendizaje. Estos centros implican a todas las personas que de forma directa o indirecta influyen en el aprendizaje y el desarrollo de las y los estudiantes, incluyendo al profesorado, familiares, amigos y amigas, vecinos y vecinas del barrio, miembros de asociaciones y organizaciones vecinales y locales, personas voluntarias, etc.

Este modelo organizativo plantea a las familias una forma de trabajo distinta. Pero, la realidad es que sigue siendo una implicación de las madres. Ellas son las que siempre acuden a las escuelas y se preocupan por el devenir de sus hijos e hijas.

En las Comunidades de Aprendizaje uno de los aspectos importantes es la formación de familiares. Desde dicho proyecto se fomenta la formación de los mismos. Entre las actividades de formación encontramos las relacionadas con el acceso y procesamiento de la información a través del uso de las TICs y de las tertulias literarias dialógicas. La tertulia literaria dialógica es una actividad educativa y cultural que se puede realizar en diferentes ámbitos, con la finalidad de acercar la literatura clásica universal de autores como Kafka, Lorca, Cortázar, Joyce, Cervantes, etc., a personas de diferentes generaciones y culturas y con diferentes niveles de aprendizaje (Puigvert y Santacruz, 2006). Pero por mi experiencia he observado que son las madres las participantes de la tertulia.

Como he mencionado en el párrafo inicial de este artículo son las madres las que se encargan de todos los aspectos relativos a la educación, tanto formal como informal, de sus hijos e hijas. Es, cuanto menos, triste esta conclusión, cuando por definición se afirma que “en las Comunidades de Aprendizaje todos los miembros implicados sueñan y construyen la escuela que quieren para sus hijos e hijas con el objetivo de mejorar su educación. La participación de todos y todas es lo que hace posible transformar esa realidad, por más inmutable que parezca, en base a unos principios como el diálogo, la igualdad y la solidaridad” (Elboj, Puigdellívol, Soler y Valls, 2002:61).

Por ello debemos seguir actuando a favor de la corresponsabilidad en todas las tareas (domésticas y públicas, laborales y educativas,…) para que cuando se coloquen los y las jóvenes del futuro las gafas de realidad aumentada no vean en el dispositivo el mismo panorama que se describe al principio de este trabajo.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
  • Elboj, C., Puigdellívol, I., Soler, M. & Valls, R. (2002). Comunidades de aprendizaje. Transformar la educación. Barcelona: Graó.
  • Morenos Sánchez, E. (2000): A por las notas va la madre”: La participación familiar en el centro escolar. En Lorenzo, M. y otros: Las organizaciones educativas en la sociedad neoliberal. Granada: Grupo Editorial Universitario. Pág. 1379-1387
  • Puigvert, L. y Santacruz, I. (2006). Transformando los centros educativos en comunidades de aprendizaje. Calidad para todas y todos. Revista de Educación, 339,  Pág.169-176.

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