Toni Morrison, una vida de compromiso social

Artículo de Rafael Calero Palma

Hace un mes, el pasado lunes 5 de agosto, moría en Nueva York la escritora Toni Morrison. Tenía 88 años y una carrera que incluía un buen número de libros y los premios más destacados que un escritor puede recibir, incluido el Nobel de Literatura que la Academia sueca le otorgó en 1993. Pero por encima de cualquier premio, de todos los premios, la escritora estadounidense nos deja un ejemplo ético y moral de incalculable valor, su posicionamiento vital contra la discriminación racial y de género, que por desgracia, es algo tan normal tanto en su país como en otros lugares del mundo.

Morrison fue, durante toda su vida, una gran activista de los derechos humanos y plasmó en sus libros la experiencia de miles de mujeres y de hombres de raza negra de los Estados Unidos. Sus obras están llenas de sufrimiento y de dolor, pues estos dos elementos forman parte intrínseca de su pueblo, pero también hay en sus páginas un atisbo de esperanza, la que ella tenía en la gente de su raza y en un mundo mejor que el que conoció. “Creo que lo más importante del trabajo de Toni (es que) elevó la experiencia negra a un nivel internacional, pero no olvidó que éramos negros”, señaló el escritor afroamericano Walter Mosley tras enterarse de la muerte de Morrison.

Chloe Anthony Wofford había nacido el día 18 de febrero de 1931 en la población de Lorain, en el estado de Ohio y era la hija de un obrero de la industria del acero y de un ama de casa. Crecer en una familia negra en plena crisis económica no debió de ser nada fácil para la niña y sus tres hermanos. Ella misma contó en más de una ocasión que sufrió penurias y discriminación racial durante su infancia. En aquellos tiempos, en su casa, era algo bastante normal que se contaran cuentos y leyendas relacionadas con su raza, algo que hacía sobre todo su madre y que ella más tarde incorporaría de una manera absolutamente natural a su obra. Su padre y su madre eran muy conscientes de que sólo la educación y la cultura podían mejorar las vidas de sus cuatro hijos. Así que apostaron fuerte por la educación aunque eso supusiera tener que hacer muchas horas extra para poder pagar los estudios. La joven Chloe, que era una devoradora de libros, y lo sería durante toda su vida, decidió estudiar Filología inglesa. Consiguió su título de Doctora con una tesis sobre las figuras de William Faulkner y Virginia Woolf. Más tarde trabajaría como profesora y, sobre todo, como editora. A su labor como editora tenemos que agradecer la publicación de algunos libros míticos, como la Autobiografía de otra gran activista afroamericana, Angela Davis, o Corregidora, la primera novela de otra importantísima escritora afroamericana, Gayl Jones.

Toni Morrison ha sido, ante todo, una genial novelista. Desde su primera obra, Ojos azules, publicada en 1970, hasta su última novela, La noche de los niños (2015), la narradora afroamericana ha publicado un buen número de obras: Sula (1973), La canción de Salomón (1977), La isla de los caballeros (1981), (Beloved, 1987), Jazz (1992), Paraíso (1997), Amor (2003), Una bendición (2008) y Volver (2012). En su país de origen es una escritora tremendamente popular cuya obra goza de un merecidísimo prestigio. No entiendo muy bien las razones, pero está claro que la literatura de Morrison no ha calado en nuestro país. Sus libros no gozan de la popularidad que ha alcanzado la literatura de otras escritoras americanas, como Alice Munro o Lorrie Moore. Si tuviera que elegir algún libro de toda su producción novelística, me quedaría con La canción de Salomón y Jazz, dos libros nada complacientes pero absolutamente necesarios para entender el universo de la escritora. Recuerdo que leí Jazz a mediados de la década de los noventa y me dejó profundamente impactado. Un libro duro pero lleno de pasajes memorables. Sobre Jazz, su compatriota la escritora y periodista Barbara Probst Solomon escribió en El País, el día 19 de octubre de 1993, cuando se le acababa de conceder el Premio Nobel:

Su novela más reciente, Jazz, publicada en 1992, es un auténtico triunfo literario. Morrison sitúa su novela en Harlem, en 1926, cuando se suponía que todo en Estados Unidos estaba en pleno apogeo. «Cuando todas las guerras han terminado y nunca va a haber otra… Por fin, por fin, todo está por delante… Aquí llega lo nuevo. Cuidado. Desaparecen las cosas tristes. Las cosas malas. Las cosas que nadie podía evitar». En esta novela, Morrison se apodera verdaderamente del lenguaje, de los riffs, del ritmo del jazz. Y añade a eso una trágica carcajada salvaje por la vida, que es el sello de nuestra ficción sureña.

Pero además de novelas, Morrison también ha escrito relatos cortos, obras de teatro, libretos para ópera y crítica literaria. Playing in the Darky The Source of Self-Regard recogen gran parte de su producción crítica, sus conferencias, sus reseñas, etc.

Toni Morrison fue la primera mujer negra que recibió el Premio Nobel de Literatura y una de las catorce mujeres que lo han ganado hasta la fecha. Esto ocurrió en 1993, cuando la escritora tenía 62 años y trabajaba como profesora en la Universidad de Princeton. En aquellos momentos el corpus de su obra lo componían seis novelas, algo absolutamente anómalo en la historia de los Premios Nobel. La Academia sueca convino en otorgarle el premio porque «su arte narrativo impregnado de fuerza visionaria y poesía ofrece una pintura viva de un aspecto esencial de la realidad norteamericana». Y luego añadía:

Se trata de una obra excepcionalmente elaborada y homogénea al mismo tiempo que de una riqueza variada. Su técnica narrativa es seductora y aunque cambia de un libro a otro lleva siempre el sello de la originalidad de su espíritu. La escritora penetra en el trasfondo de la lengua misma, una lengua que libera de las trabas de la raza.

En una entrevista concedida seis años más tarde al periódico alemán Der Spiegel, comentaba a propósito del Premio Nobel:

Fue la primera vez que me sentí norteamericana. Y me sentí mujer, y nativa de Ohio, y negra; todos esos sentimientos mezclados. Al volver la vista atrás me di cuenta de que siempre había deseado que lo ganara una mujer negra, y el hecho de que fuera yo me pareció extraordinario porque me lo merecía de verdad. No podían haber elegido a nadie mejor. Los libros eran muy buenos. Pero éstas eran mis reflexiones privadas. Lo mejor de ganar el premio fue que modificó el campo de lo que se consideraba gran literatura.

El pasado cinco de agosto se apagó su vida pero sus libros seguirán por siempre vivos, llenos de fuerza, de compromiso social y de fantasía. Algo que no todos los escritores pueden decir.

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