Las temporeras de la fresa, un nuevo caso de justicia patriarcal, pero no solo de eso…

| Mª Jesús de Leon Morgado |
Responsable del Espacio Feminista de USTEA-Cadiz

Foto: Lucía Muñoz en pikaramagazine.com

El pasado 10 de diciembre pudimos asistir con indignación al archivo de la investigación por abuso y acoso sexual de cuatro trabajadoras temporeras de la fresa de Huelva por parte de su patrón, denuncia que había sido interpuesta meses antes en el Juzgado de Primera Instancia de La Palma del Condado (Huelva). El juez encargado de la causa no dudó en ponerse de parte del empresario denunciado al considerar que “no estaba debidamente justificada la perpetración del delito”, y apoyaba con ello la versión de la defensa del patrón, al esgrimir que esta denuncia no es sino una argucia de estas mujeres para quedarse en nuestro país y no regresar a Marruecos, una vez terminada la temporada de recogida de la fresa. Para nada se tuvo en cuenta que esas mujeres tenían a sus familias en su país de origen, y que no entraba entre sus planes el alejarse de ellas. Tan solo pedían justicia.

Las cuatro habían acusado al empresario onubense de acosarlas sexualmente, llegando al tocamiento de los genitales y pechos de una de ellas, mientras trabajaban en una finca de Almonte propiedad del acusado. Forman parte de un grupo de diez que se atrevieron a denunciar los abusos laborales y sexuales que sufrían en los campos de fresa durante el verano de 2018. Al salir a la luz este caso, a principios de junio, más de cien temporeras fueron rápidamente devueltas a Marruecos sin que hubiesen finalizado sus contratos ni recibido sus salarios, para evitar que las denuncias se extendiesen. De ellas, solo estas diez escaparon a la deportación, quedando otro caso abierto por una denuncia similar en la localidad de Moguer.

Lo curioso es que estos abusos se hicieron públicos a través de un reportaje de dos periodistas alemanes, aunque la situación de explotación y precariedad venían siendo denunciadas desde hacía tiempo por investigadoras marroquíes y activistas del Sindicato Andaluz de Trabajadores/as. La valentía de estas mujeres al denunciar ha permitido visibilizar la situación de indefensión y precariedad en las que desarrollan su trabajo las temporeras, elegidas en su país de origen prioritariamente entre aquellas con más cargas familiares, de zonas rurales y sin conocimiento del idioma, lo que facilitaría los abusos y crearían las condiciones de dependencia total de sus empleadores en el país de acogida. Una realidad que se extiende a miles de mujeres trabajadoras de otros continentes, atadas al chantaje de las reaccionarias leyes de extranjería, que tiñen de sufrimiento y racismo las fresas que llegan a nuestras mesas.

Y es que el negocio de la fresa onubense no es un negocio cualquiera. Factura cada año alrededor de 320 millones de euros a costa de la explotación de más de 50.000 mujeres. Algunas son residentes, proceden de países como Rumanía o Polonia, pero una parte elevada de ese ejército de braceras es contratada en Marruecos, a través de la ANAPEC (Agencia Nacional de Promoción de Empleo y Competencias), según recoge Cynthia Lub para su artículo de izquierdadiario.es [1]. Otras son jornaleras andaluzas, que soportan las mismas condiciones de explotación y precariedad.

El archivo de esta causa demuestra que la violencia sexual es un eslabón más de una larga cadena de violencias que el Estado y sus instituciones legitiman, asegurando de este modo los millonarios negocios de los empresarios capitalistas. Y en el caso de la fresa actúan con condiciones laborales infrahumanas: jornadas interminables bajo 40 grados, desde las 6.30 de la mañana, sin parar siquiera a beber agua hasta mediodía; hacinamiento en inmundos barracones; limitación del acceso a la ducha, en algunos casos permitida solo una vez a la semana; alimentación insuficiente y, por si todo esto fuera poco, habría que sumar las vejaciones de género: casos de acoso, abusos sexuales y hasta violaciones, silenciadas en la mayoría de los casos por el miedo a ser despedidas o repudiadas en sus países de origen, al ser la mayoría mujeres casadas. El desconocimiento de los derechos laborales se multiplica por el desconocimiento del idioma. Una larga y siniestra cadena de violencias contra la que luchan y resisten las temporeras de la fresa, como refleja Lub.

Y, sin embargo, nada de esto fue tenido en cuenta por la justicia al hacer el sobreseimiento del caso en sus dos tristes y escasos folios, ni mucho menos el abismal desequilibrio de poder existente entre ambas partes. Al esgrimir el argumento de las denuncias falsas lo que hace la Justicia es criminalizar una vez más a las víctimas, culpabilizarlas a ellas con el falso interés de buscar la residencia en España para desviar la atención de la triple explotación y violencia que sufren: como trabajadoras, como mujeres y como migrantes. Colectivos feministas y antirracistas se movilizaron y convocaron concentraciones de apoyo a las temporeras de la fresa en casi todas las provincias españolas, al conocerse el archivo del caso y este nuevo ataque de la justicia patriarcal. En algunas ciudades, como Madrid, coincidieron con las convocadas por el Sindicato de Manteros por el Día del Migrante, que se celebra el 18 de diciembre.

Pero los detalles de este caso quedaron rápidamente eclipsados en los medios y las redes por la coincidencia de la desaparición y posterior asesinato de la joven profesora Laura Luelmo, ocurrido, para horror de las y los onubenses, también en la provincia de Huelva. En la concentración celebrada en la capital atlántica hubo voces que llegaron a gritar con desprecio que estaban allí por Laura, no por las inmigrantes, como si Laura tuviese prioridad al ser una de las nuestras y las temporeras no. Lástima que esas voces no se detuviesen a pensar que ambos sucesos son las dos caras de una misma moneda: la violencia que reciben todas las mujeres sobre sus cuerpos y sus vidas por el simple hecho de serlo. Violencia de género, amparada y protegida por el sistema capitalista patriarcal y sus tribunales, que cosifica y convierte en mercancía el cuerpo de las mujeres. En ambos casos se producen los abusos del patriarcado más depredador, ya sea a través de empresarios sin escrúpulos que aprovechan su situación de superioridad legal para abusar, con total impunidad, económica y sexualmente de sus trabajadoras -como en el caso de las jornaleras marroquíes-; o como animal de presa, al acecho de una joven profesora que se encontraba recién llegada a la localidad para comenzar con ilusión su nueva labor profesional, y sobre la cual el depredador se cree con derecho a hacer prevalecer sus instintos, con toda su violencia, en el caso de Laura Luelmo. Ambas son condenables por igual, aunque la rabia por el asesinato de Laura, robando sus ilusiones y su joven vida, haya cegado a algunas personas.

(…) casos de acoso, abusos sexuales y hasta violaciones, silenciadas en la mayoría de los casos por el miedo a ser despedidas o repudiadas en sus países de origen, al ser la mayoría mujeres casadas. El desconocimiento de los derechos laborales se multiplica por el desconocimiento del idioma. Una larga y siniestra cadena de violencias contra la que luchan y resisten las temporeras de la fresa, (…)

Foto: Lucía Muñoz en pikaramagazine.com

Lo idílico sería que estas denuncias hubieran servido para visibilizar la situación de desprotección y vulnerabilidad que sufren las jornaleras y temporeras, no solo en Huelva. Si la resolución final es negativa, no sabemos cómo afectará a futuras posibles denuncias, ya que la intencionalidad del efecto disuasorio está claro, señalaba Virginia Piña, del área de la Mujer del SAT en una entrevista para El Salto Diario [2]. No obstante, la importancia de que estas mujeres se hayan atrevido a denunciar, es fundamental, a pesar de los problemas lingüísticos, los prejuicios y el miedo. “Esos abusos llevan ocurriendo mucho tiempo en los campos (…) Las manos de las mujeres son las que se encargan de llenarnos la nevera y nuestras despensas. Es un trabajo que está muy poco valorado porque las mujeres en el campo andaluz somos siempre las últimas”, señalaba la periodista Lucía Muñoz para el artículo de El Salto Diario anteriormente citado. Y es que en el campo, la miseria, la explotación y la precariedad, también tienen su peor parte en el rostro femenino. No escapa a lo que es una constante en cualquier sector económico.

De ahí la urgencia del movimiento sindical dentro del movimiento feminista. De ahí la importancia de la organización y la reivindicación del feminismo de clase como el único capaz de luchar contra un enemigo tan poderoso como es el sistema capitalista, colonialista, racista y patriarcal que sustenta las bases de la justicia y demás instituciones que conforman el Estado. Las denuncias de estas temporeras, a pesar de los pesares, son pequeños pasos que crean una gran conciencia, por encima de la desestimación de la causa, o, deberíamos decir, gracias a ello. La justicia patriarcal se está convirtiendo en uno de los mayores aglutinantes del movimiento feminista en este país. Sentencias como la de La Manada, Juana Rivas o las temporeras de la Fresa no hacen sino cohesionar este movimiento y hacer que salgan a la calle cada vez más mujeres, de todas las edades, de todos los sectores, a las que la indignación les rebosa y ya no les permite quedar calladas. Y, por suerte, cada vez hay más hombres a nuestro lado, conscientes de que es una batalla que nos concierne a todas y a todos. Porque es la Vida, la de todas y todos, la que está en juego.

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El pasado 8 de marzo cientos de miles de mujeres escribieron una página nueva en la historia de este país, en todos sus territorios, en todos sus pueblos. Acompasaron sus pasos al girar del mundo durante 24 horas para denunciar las condiciones de vida de todas las mujeres del planeta. La mecha ardió. Sobraban los motivos. Los mismos que siguen estando hoy ante nosotras y que nos empujan de nuevo a otro histórico 8 de marzo para seguir combatiendo la violencia ejercida sobre las mujeres. Motivos como la violencia machista, que sólo en los últimos quince años se ha llevado por delante la vida de más de mil mujeres. Motivos como la violencia económica, que continúa asfixiando a la población femenina -nacional e inmigrante-, con las formas específicas de desigualdad que el capitalismo produce para ellas: feminización de la pobreza, altas cifras de paro, contratos precarizados o a tiempo parcial, una vergonzosa brecha salarial y en las pensiones que no cesa. Motivos como la violencia

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institucional, ejemplarizada en las sentencias de la justicia patriarcal, de las que las de la Manada, la de las inmigrantes temporeras de la fresa o la de Juana Rivas serían un ejemplo de cómo se nos agrede a las mujeres desde las propias instituciones. Motivos como el desigual reparto de los cuidados y las tareas domésticas -26’5 horas semanales realizadas por las mujeres frente a las 14 realizadas por los hombres-. Motivos como la vindicación de nuestros cuerpos y nuestros derechos sexuales y reproductivos, con independencia de nuestra identidad sexual. Motivos como el apoyo a nuestras hermanas migrantes, parias entre las parias, sobre las que toda la crueldad del sistema se multiplica hasta el infinito [3].

La que se ha dado en llamar Cuarta Ola del Feminismo ha de seguir rompiendo, con más fuerza que nunca, contra la arena de los cimientos del sistema y del patriarcado. La Primera Ola fue la que puso voz a nuestras ancestras, desde la Ilustración hasta la segunda mitad del siglo XIX. Mujeres como Olimpe de Gouges, Poullain Barre o Madame Stäel reclamaron derechos civiles para las mujeres y cuestionaron los privilegios masculinos. Todas ellas fueron, sin duda, un punto de partida fundamental para cambiar el pensamiento de la época, destacando la obra Vindicación de los derechos de la Mujer (1792), de Mary Wollstonecraft, pero, además, se pusieron sólidos cimientos para la unidad y organización de la clase trabajadora. Hombres y mujeres unidos, como podemos ver en la obra de Flora Tristán, La Voz Obrera. La Segunda Ola llegaría de mano de las Sufragistas, desde mediados del siglo XIX hasta la década de los cincuenta del siglo XX. Estaría muy marcada por las movilizaciones por el sufragio universal y el derecho al voto para todas las mujeres. Entre sus reivindicaciones también estarán el acceso a los estudios superiores, la crítica a la obligatoriedad del matrimonio y la liberación en el aspecto físico y las vestimentas. La Tercera Ola es la más discutida en cuanto a fechas, pero la mayoría la sitúan entre los años 60 y 80 de la centuria anterior, coincidiendo con la llegada de los anticonceptivos y la lucha por la liberación sexual, el control voluntario de la maternidad, el divorcio… Las mujeres luchan por estar presentes en todas las esferas laborales y políticas. Y la Cuarta Ola, en la que estaríamos de lleno inmersas, caracterizada por un activismo que plantea el fin de los privilegios de género establecidos históricamente hacia el hombre, pero que, en una parte considerable de sus filas, plantea la lucha contra el sistema. Repudia la violencia de género y el patriarcado que nutren todas las esferas de la vida, porque “lo personal es político”. Apunta hacia las verdaderas causas del problema, desde el llamado “feminismo de izquierdas o de clase” y se pretende diferenciar, cada vez más, del “feminismo burgués” que no cuestiona las causas ni los fundamentos del patriarcado, sino que solo busca mejorar, en lo posible, las oportunidades de las mujeres dentro del sistema que beneficia fundamentalmente, per se, al hombre blanco, occidental, rico y heterosexual. Quizás, por ello, el feminismo de clase comience a ser una verdadera amenaza para el sistema que combate, porque le ataca desde todos los frentes de sus privilegios económicos e ideológicos, al declararse como feminismo anticapitalista, antifascista, anticlasista, antirracista, anticolonial, anticonsumista, antipatriarcal… De ahí que este proceso histórico comience a ser el mayor gesto de rebeldía revolucionaria de los últimos tiempos y, de ahí, también, que el sistema se haya revuelto contra nosotras, con toda su violencia, desde las voces de sus lacayos fascistas que no dudan en intentar frenarnos.

Vicente Romano, en su prólogo a la obra de August Bebel, La Mujer y el Socialismo [4], recoge la siguiente cita de Lenin:

“El movimiento femenino debe ser un movimiento de masas, debe ser una parte del movimiento general de masas, no sólo del movimiento de los proletarios, sino de todos los explotados y oprimidos, de todas las víctimas del capitalismo. En esto consiste la importancia del movimiento femenino para la lucha del proletariado y para su misión histórica creadora: la organización de la sociedad comunista”

En ese libro de August Bebel, publicado por primera vez en Alemania en 1879, se recoge la fundamental participación de las mujeres en revoluciones como la francesa de 1789, con la marcha y asalto al Palacio de Versalles, o la rusa bolchevique de 1917. Revoluciones que cambiaron la Historia y en las que las mujeres participaron, aunque su presencia se haya silenciado y ocultado en los libros como en tantas otras facetas. Estoy convencida de que no hay nada que dé más miedo al Sistema que el ver a la clase trabajadora instruida y organizada. Pero estoy convencida, también, de que le da aún más miedo vernos a nosotras, a las mujeres, unidas, instruidas y organizadas. No es el papel que nos tienen asignado. De ahí, repito, la importancia del sindicalismo dentro del movimiento feminista, y del feminismo dentro del movimiento sindical, como el que se realiza en USTEA desde su Espacio Feminista y en otras organizaciones de clase hermanas a través de sus Áreas de Mujer, Género e Igualdad. No todas las organizaciones sindicales somos iguales, no todas nos hemos rendido. Al contrario. Ejercemos una labor de denuncia y lucha contra los abusos realizados contra toda la clase trabajadora, poniendo especial énfasis en la situación de precariedad y marginalidad de las mujeres dentro del mundo laboral. De ahí que reivindiquemos nuestro espacio acompañando al movimiento feminista, sin protagonismos, pero en la misma línea de combate del resto de los colectivos.

Flora Tristán, a la que siempre reconoceré como pionera del feminismo y del sindicalismo de clase, proclamó una frase preciosa: “Nuestra Patria debe ser el Universo”. Las mujeres hemos acuñado y utilizamos muchísimo en los últimos tiempos el término de sororidad, para referirnos a la solidaridad de clase entre mujeres. Ponemos el acento en el apoyo mutuo, porque todas, como mujeres, independientemente de nuestra edad, condición o clase, estamos sometidas a la misma violencia de las instituciones y del estado patriarcal. Pero avanzamos hacia ese feminismo de clase, radical –en el sentido de avanzar hacia la verdadera raíz de los problemas-, porque queremos realmente ver el día en que las mujeres lleguemos a ser libres. Y, a nuestro lado, queremos ver a nuestros compañeros libres también. Feminismo o barbarie. Parafraseando a otra de las grandes teóricas del socialismo, Rosa Luxemburgo. Socialismo o barbarie. No hay más camino para conseguir el cambio de paradigma. La revolución será feminista o no será. El feminismo será revolucionario, o no será.

Flora Tristán decía que el instrumento de transformación social será ese ejército de trabajadoras y trabajadores laico y pacífico, la Unión Obrera, donde hombres y mujeres participarán en un plano de absoluta igualdad [5]. Las mujeres estamos construyendo, paso a paso, ese ejército. Cada vez más firmes y organizadas. Cada vez más fuertes y cohesionadas. Aún queda mucho camino por recorrer. Somos humildes. Somos pacientes, tenaces y cautas. Conocemos la dureza y el poder del enemigo al que nos enfrentamos. Pero seguimos avanzando, caminando juntas, construyendo mundo. No nos dejamos fuera a nuestras hermanas migrantes. Nativa o extranjera, somos y seremos una sola clase obrera. El movimiento feminista será ese ejército de todas las víctimas del capitalismo, de todas las personas explotadas y oprimidas, como decía Lenin. Creemos en ese mundo nuevo. Y hacia él nos dirigimos, juntas, de la mano.

¡ADELANTE, COMPAÑERAS!
¡NATIVA O EXTRANJERA, LA MISMA CLASE OBRERA!

NOTAS
[1] Lub, Cynthia. Temporeras de la fresa: justicia patriarcal con rancio olor a racismo y explotación, en izquierdadiario.es (16-diciembre-2018)
[2] El Salto Diario, Movilizaciones tras el archivo de la causa de las temporeras marroquíes. (17-diciembre-2018)
[3] Texto extraído del Manifiesto de Huelga para el 8M del Espacio Feminista-USTEA, realizado por la autora
[4] Romano García, Vicente. Prólogo a la edición castellana de August Bebel, La Mujer y El Socialismo., Ed. Akal, 20018, pág.9
[5] Vargas Llosa, Mario. Prólogo a Paseos por Londres, de Flora Tristán. Ed. Global Rhythm, 2008, pag.21


Este artículo se publicó en El Clarión nº 51 Especial 8 de marzo 2019 http://organizaciondemujeres.org/el-clarion-no-51-especial-8-de-marzo-de-2019/

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